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Pérdida

Otro jueves cobarde

Los Caballeros de la Quema (con Joaquín Sabina) · Fulanos de nadie · 2000

12 de septiembre de 2026 7 min de lectura

Etiquetas rock argentino 2000s sabina colaboración desamor

Un día de la semana usado como adjetivo y una cobardía colgada del calendario. Sabina puso una condición: faltarle el respeto o no escribirla.

Demasiado martes

“Otro jueves como los demás / demasiado martes, / demasiado igual.”

Fijate qué hace con el martes. Lo usa como adjetivo. Y con grado: demasiado martes, como se dice demasiado tarde o demasiado lejos. Un día de la semana convertido en cantidad. La canción da por sabido qué tiene un martes, y el oyente lo sabe. El lunes pesa y el viernes promete. Del martes nadie se acuerda.

El jueves tenía todo para ser lo contrario. Es la antesala. El día en que la semana empieza a inclinarse hacia el fin de semana, la primera noche en que se sale a probar suerte. Por eso el verso funciona: la canción elige el día con más promesa de la semana y le diagnostica martes. Un jueves con síntomas de martes.

Todo eso empieza en la primera palabra de la letra. Otra. Antes de saber qué tarde es, ya sabemos que hay una serie. Después otro jueves, otra tarde, otro jueves, y otra vez. La canción abre con la palabra que usamos para lo que ya vimos.

A mitad del estribillo la palabra cambia. Otra tarde que no arde, esta tarde sin pasado mañana. Un mismo verso, dos artículos. Arranca con otra: una más, cualquiera de la serie. Pasa a esta: la que está acá, la única. El que dice otra mira desde afuera. El que dice esta está adentro. Y el estribillo cierra siempre con esta: de esta tarde en coma dos. Cada vez que intenta generalizar, el verso lo devuelve al presente.

¿Y para qué el cambio de artículo? Porque la rutina es un consuelo. Si es una más, se pasa. La canción le concede el consuelo medio verso y se lo saca. Sin pasado mañana termina de sacárselo: a esta tarde le falta el después del después. Una tarde de serie tendría una siguiente. Esta se queda sin.

El cobarde es el jueves

“Otro jueves que no sabe bajarse ni los pantalones.”

Quién hace las cosas en el estribillo: la tarde no arde. La tarde es cobarde. La tarde no prueba manzanas. El jueves no sabe bajarse los pantalones. El jueves anda dando lástima por los rincones. Cinco verbos y un solo tipo de sujeto: el calendario. Él aparece recién en las estrofas, y siempre en falta: no me encuentro la nariz, no me banco ser feliz, no me sale ni dormir. Y cuando por fin le habla a ella, tampoco hace nada: ni te declaro la guerra ni tú me firmas la paz.

El título hace lo mismo. Cobarde es el jueves. La canción toma la acusación más difícil de hacerse a uno mismo y la carga en el día. Es el mismo movimiento de “se me cayó” en vez de “lo tiré”, llevado a escala de semana. Y el oyente lo lee al revés, como corresponde: el jueves nunca tuvo pantalones.

Ni los pantalones

“Otro jueves de esos que no se dejan besar.”

Está en el tercer verso y pasa rápido, pero fija de qué está hecha la cobardía. Un jueves que no se deja besar. Después el estribillo insiste por el mismo lado: la tarde no prueba manzanas, el jueves no sabe bajarse ni los pantalones. Beso, manzana, pantalones. La manzana es la de Eva, y la tentación en esta canción tiene una sola forma. Lo que el día se niega a hacer es sexo. La apatía se mide ahí, en el lugar donde menos se admite: un jueves en que ni eso.

Entre estribillo y estribillo el verbo cambia. Primero bajarse, después abrocharse, al final bajarse otra vez. Un jueves que no sabe desvestirse ni vestirse. Mientras tanto, afuera, los idiotas en celo vuelven a embarrar la fiesta. Los demás tienen ganas y las usan mal. Él las tiene en coma dos.

La canción cuenta todo esto sin decirlo. Manzanas, pantalones, un beso que no se deja dar. Habla de sexo como se habla de él cuando falta: sin nombrarlo.

Miel, perfume, maquillaje

“No le pongas miel a la verdad, / que si ando muerto es de tanto resucitar.”

La súplica vuelve tres veces y cada vez cambia el endulzante. Primero miel. Después no perfumes tanto la verdad. Al final no maquilles tanto la verdad. Miel es para tragar, perfume para oler, maquillaje para mirar. La verdad va pasando por los sentidos y en todos le piden lo mismo: que la dejen cruda. El tanto que aparece en la segunda y en la tercera vuelta cuenta que ella siguió endulzando igual.

Ahora el segundo verso. Lo que lo cansa es resucitar. La canción da vuelta el orden natural: el muerto se queja de las veces que lo trajeron de vuelta. Cada intento de salir adelante, cada “esta vez sí”, cuenta como una resurrección más. Y de tanto volver, se muere.

La persona gramatical. La primera vez es él solo: si ando muerto. Andar muerto, encima, es un muerto que camina. Las otras dos veces habla en plural: hasta los muertos nos cansa. Ya es una clase entera. Entre la segunda y la tercera cambia el verbo: nos cansa resucitar se vuelve nos excita resucitar. Mismo pedido, verbo opuesto. Y excita es la palabra exacta, después de una canción entera de pantalones que no bajan. Resucitar, acá, es lo que se levanta. Después de dos vueltas diciendo que volver lo agota, confiesa que volver le gusta. Y que cuesta poco: hasta los muertos. Por eso pide que le saquen la miel: sabe que si se la ponen, vuelve.

Coma dos, Fa menor, sin vos

“…de esta tarde en coma dos.”

El estribillo termina distinto cada vez. Primera vuelta: coma dos. Un grado de hospital, con número. Segunda: Fa menor. Una tonalidad, escrita como en la partitura. Tercera: resaca sin vos. Una persona. Tres nombres para la misma tarde, cada uno más cerca que el anterior: el diagnóstico, el instrumento, la causa.

Y la causa llega en la última palabra de la canción. Vos aparece una sola vez, y es la que cierra. Toda la letra habló de tardes, de jueves y de muertos, y recién al terminar nombra al que falta. La ausencia estuvo desde el principio, siempre con la misma preposición: sin amores rotos, un desamor sin amor, sin pasado mañana. El objeto de todos esos sin se guarda para el final.

Hay otro pronombre para la misma persona. Ni te declaro la guerra ni tú me firmas la paz. Tú. Un rockero de Hurlingham diciendo tú. Y al cierre, vos. La canción la escribieron dos, y se nota en la segunda persona: el verso del se le escucha a Sabina, el sin vos a Noble. La misma mujer, tratada de dos países distintos.

Hoy

En 1993 Iván Noble tenía 25 años y Los Caballeros de la Quema acababan de sacar Manos vacías. Les tocó abrir para Joaquín Sabina en Ferro. Sabina era uno de sus referentes, y esa noche estaba a unos metros, escuchando. Del show salió una amistad, y de la amistad una canción. Noble tenía la música y quería escribir la letra con él. Cuando por fin se sentaron, Sabina le puso una condición: si Noble no se animaba a faltarle el respeto, la canción iba a quedar sin escribir.

La canción sobre el jueves que no se anima a bajarse los pantalones la escribió un pibe de Hurlingham obligado a bajárselos delante de su ídolo. La cobardía que le cuelga al día es la que él tuvo que dejar en la puerta para escribirla.

Fulanos de nadie salió en 2000 con la voz de Noble sola. Sabina llegó después, y llegó así: en una reunión improvisada le dijo “¡Hoy! Si tú consigues un estudio, la cantamos hoy”. Consiguieron los Estudios Panda de madrugada y grabó sus partes esa misma noche. La versión que quedó salió en la reedición de 2001.

A mí me llegó por el mismo camino, sin estudio y con un desconocido en el medio. Era la época en que Napster mandaba en Latinoamérica, en una de esas plataformas donde se podía chatear con el que compartía la música. El que me pasaba archivos me escribió: viejo, si te gusta Sabina y el rock argentino, tenés que escucharte esta. Bajé Otro jueves cobarde por el nombre de Sabina y me quedé con Noble y con los Caballeros. Desde entonces la pongo los días duros. Una canción que pide que no le endulcen la verdad, puesta a propósito los días en que más miel haría falta.

Volvé a la letra con esa palabra. Hoy que no me encuentro la nariz. Hoy que no me banco ser feliz. Hoy me quedo mudo. Hoy que no me sale ni dormir. Cinco veces dice hoy, y las cinco son para contar algo que no le sale.

La sexta la dijo Sabina, de madrugada, tratándolo de tú. Esa sí salió.

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