Soy el Tony
“Que soy el Tony, tronco.” El que habla se presenta en la quinta línea, y resulta ser otro.
Aute canta con la voz de un amigo que lo regaña a él: “Cómo has caído, Luis.” Luis Eduardo Aute pone su propio nombre de pila en boca de otro para recibir el reproche.
¿Por qué hacerlo así? Un hombre que cuenta su propio enamoramiento hace una canción de amor como cualquier otra. Un amigo indignado que lo cuenta suena a testimonio. El Tony tiene todos los motivos para exagerar en contra, y cada cosa buena que se le escapa vale doble.
En el último verso aparece una tercera figura. El Tony y Charlie, el que “ni te quiere ver”, piensan ir “a ver al Aute, que hay nuevo LP”. Luis y el Aute ya son dos. Uno se fuga con una mujer. El otro saca disco. Los amigos siguen yendo a ver al segundo mientras le reprochan la vida al primero.
Mira que
“Mira que eres canalla” es la primera línea. En boca del Tony es una acusación. Mira que sirve para subrayar: mirá lo que hiciste, mirá hasta dónde llegaste. Canalla completa la condena. “Eso no se hace a quien te quiere bien.”
La misma frase cierra el estribillo. Ahí llega después de dos órdenes que empujan para el otro lado: “no te lo pienses dos veces / haz lo que te pida el alma”. Las mismas cuatro palabras, en el mismo orden, y ahora son un permiso.
El estribillo vuelve tres veces sin cambiar una sílaba. Lo que cambia es lo que el Tony acaba de decir. La primera vez viene de las mujeres, de Dalila y Sansón, de que enamorarse es cosa de colegial. La segunda viene de la guerra y de Carabanchel, su carta más pesada. La tercera viene de “tú sabrás lo que haces”, cuando ya no le quedan argumentos. El permiso es el mismo, y cada vez tiene menos resistencia enfrente.
Entre las órdenes y el mira que hay un freno: “puede que cambie tu suerte”. Puede que, con subjuntivo. Dice andá, y dice quizás.
La guerra por la libertad
El Tony tiene un argumento más fuerte que Dalila y Sansón. Lo saca a mitad de la canción.
“La taquicardia, el miedo.” “Fue una carnicería / aquella guerra por la libertad.” “Entre la espada y la pared.” “Aquellos años en Carabanchel.”
Carabanchel era la cárcel de Madrid donde el franquismo encerraba a sus presos políticos. El Tony le recuerda a Luis que pelearon juntos. Con la palabra guerra, todo el vocabulario de la canción cambia de registro. “Colegas tanto tiempo” suena a camaradas, “cómo has caído” a soldado vencido y “te fugas” a deserción.
Para el Tony, enamorarse es abandonar el frente. Y en 1981 ese frente había vuelto a abrirse. En febrero, Tejero entró a tiros al Congreso. Diez meses después Aute grabó la canción. El Tony habla de una guerra pasada en el año que la trajo de vuelta.
Lo que nadie dice
¿Qué dijo Luis? La canción nunca le da la palabra. Lo que tenemos de él es lo que el Tony le reprocha: “Cómo has caído, Luis, si tú eres un sentimental.” El reproche es un retrato. Y a Luis se le oye una sola vez, de rebote: “¿Qué te has enamorado?”. Es el Tony repitiendo lo que el amigo acaba de confesarle, con signos de pregunta y cara de no creerlo. La única declaración de amor de la canción la pronuncia el que no cree en el amor.
Elisa tampoco habla. La conocemos por el inventario del Tony: oro puro, ojos verdes, un jopo a lo Mae West. Se le escapa una imagen de bolero, ojos “como el mar”, y enseguida se cubre: “no es cachondeo”. Los dos enamorados quedan fuera de escena. Todo lo que sabemos de ellos pasa por el Tony.
El Tony nunca nombra lo suyo. Cuando le toca decir que está dolido, se esconde en plural: “qué quieres que digamos”. El insulto más fuerte se lo pasa a Charlie: “sólo me ha dicho que te folle un pez”. Lo más cerca que llega es “no es fácil que sigamos siendo tres”. Los tres son él, Charlie y Luis. Lo dice como quien hace una resta.
Al final, en lugar de despedirse, recita una agenda. “Tú sabrás lo que haces.” Solo para esto dice yo: “yo ahora me voy con Charlie”. Después el Alphaville, La Huida, y otra vez el plural: “probablemente luego iremos, a eso de las diez”.
Aute ya conocía ese escudo: cuando lo que hay que decir pesa demasiado, se habla de la hora. En Las cuatro y diez la hora no redondeaba. Acá sí: a eso de las diez. Y con probablemente. Es una cita con el amigo que se va, aunque sea desde la platea.
La frase que falta es no te vayas. El Tony dice todas las demás.
Lástima, Luis
En 1986 Aute publicó un disco doble, 20 canciones de amor y un poema desesperado. Lo abre una canción con un subtítulo que avisa: Lástima, Luis (o Mira que eres canalla, 2ª parte).
Cuatro años después, la noticia es el Tony. Está en la UVI. Se descompuso bailando breakdance en Pachá, por echar el resto con una mujer mucho más joven. Y vuelven, palabra por palabra, “la taquicardia, el miedo”. En 1982 eran recuerdo de la guerra. En 1986 son un parte médico.
Hasta el estribillo vuelve, torcido: “el alma pide marcha y el palo no lo aguanta el corazón”. El alma del Tony pidió lo mismo que la de Luis.
El sermón contra el enamorado venía de un hombre que se moría de ganas. Y esa noche, mientras el Tony está con tubos, la peña se junta en casa de Eduardo a escuchar un disco que arranca con su infarto.
En boca de amigos
En 2000 los amigos de Aute grabaron un disco de homenaje. Serrat, Sabina, Silvio, Pablo Milanés, Ana Belén, Drexler, Pedro Guerra. Para el título eligieron esta canción, con el nombre completo: ¡Mira que eres canalla, Aute! El disco cierra con ella, en la voz de Ismael Serrano.
Así la conocí yo, en ese disco, con el ritmo que le puso Ismael. La escuché primero en boca de un amigo de Aute, igual que Luis escucha todo en boca del Tony. El ritmo cambió y la frase llegó entera: haz lo que te pida el alma.
Aute le hizo decir canalla a un amigo. Dieciocho años después se lo dijeron sus amigos, en un disco entero.