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Esperanza

Fisherman's Blues

The Waterboys · Fisherman's Blues · 1988

15 de agosto de 2026 4 min de lectura

Etiquetas folk celta irlandés rock 80s

Escribió que no había techo salvo el cielo estrellado en el dorso de un pasabordo, asiento 31F. La libertad que pide viene con alguien adentro.

Es una canción que promete ser libre. La mayoría de las que prometen eso se quedan dando vueltas alrededor del deseo y ahí se terminan. Esta no.

El asiento 31F

Mike Scott escribió las dos primeras estrofas de esta canción en un vuelo de Nueva York a Londres, en noviembre de 1985. Volvía de una gira, sin papel a mano, así que usó el dorso de su propio pasabordo. El asiento era el 31F.

Con las rodillas contra el respaldo de adelante, bajo un techo de metal presurizado a diez mil metros, escribió “no ceiling bearin’ down on me, except the starry sky above.” Ningún techo, salvo el cielo estrellado.

Nadie escribe con esa convicción sobre no tener techo salvo alguien que en ese momento exacto tiene uno encima, numerado, con el cinturón abrochado. La distancia entre el cuerpo que escribe y la fantasía que describe es la canción entera resumida en un verso.

El verbo que cambia

La canción arranca en deseo: “I wish I was a fisherman.” Ese wish, en inglés, funciona como una confesión adelantada. Antes de decir qué imagina, ya avisó que está imaginando. El verbo delata la fantasía en el mismo momento en que la nombra.

Más adelante cambia de familia verbal entera. Llega “well I know I will be loosened from bonds that hold me fast” y el tiempo verbal pasa de admitir una invención a prometer un futuro.

De wish a know, de condicional a certeza: ese salto separa esta canción de cualquier otra que sueñe en voz alta con ser libre. La mayoría se instala en el deseo y da vueltas ahí adentro. Esta arranca deseando y llega prometiendo.

Dos oficios, no uno

Pescador, primero: “tumblin’ on the seas, far away from dry land and it’s bitter memories.” Solo, flotando, sin nada fijo bajo los pies, alejándose de la tierra firme y de lo que la tierra firme guarda.

El segundo oficio no repite la imagen con otro disfraz. Guardafrenos de un tren que va “crashing headlong into the heartland like a cannon in the rain,” atado a una vía pero yendo a los tumbos hacia un lugar con nombre propio: el corazón de algo.

La diferencia importa. El pescador resuelve un problema: se aleja de lo que duele. El guardafrenos ya tiene un rumbo. Entre una estrofa y la otra, la canción deja de huir y empieza a ir hacia algo.

A quién se lleva

La misma línea que dice que no hay techo salvo el cielo estrellado no se corta ahí. Sigue, sin pausa: “with light in my head, you in my arms.” Con luz en la cabeza. Con alguien en los brazos.

No es un estribillo que vuelve más adelante en la canción. Es la segunda mitad de la fantasía del asiento 31F: apenas nombra la libertad completa, ya la comparte.

Eso obliga a releer lo anterior. El pescador que flota solo, el guardafrenos que va camino al heartland: ninguna de esas dos fantasías es, en el fondo, sobre estar solo. La canción ya había avisado, en su primer respiro de libertad, que esa libertad viene con alguien adentro.

La libertad que pide esta canción tiene una condición: que haya alguien esperando cuando llegue. El narrador no huye de una persona. Prueba cualquier camino, el mar, las vías, para llegar hasta ella.

La canción que se soltó del plan

Este dato reencuadra las dos estrofas anteriores. Scott tenía las dos primeras desde hacía casi dos meses. La tercera no existía todavía: la escribió el mismo día de la grabación, el 23 de enero de 1986, en los estudios Windmill Lane de Dublín. Tampoco estaba terminada la música. Se compuso esa tarde, mientras la banda ya grababa el resto del disco.

Steve Wickham entró con el violín sin haber ensayado la parte. Scott tenía los acordes, pero contó después que el tono de la canción se lo dio ese violín, tocado ahí mismo, sin ensayo previo.

Una canción que promete soltarse de las cadenas se grabó soltándose del plan de grabación. Fue, nomás, lo que pasó ese día.

Lo que vino después

La canción salió de una ruptura. Scott escribió esas dos primeras estrofas (el pescador libre, el techo que no existe, alguien en los brazos) sabiendo que la relación de la que venía se estaba terminando. Ese vuelo de Nueva York a Londres era la vuelta de una gira, con todo lo que hay que dejar atrás cuando una gira se termina, y con algo más que también se estaba yendo.

El disco tardó dos años más en cerrarse, entre Windmill Lane en Dublín, una sesión en San Francisco y una casa en Spiddal, Galway. En el medio, la banda dejó atrás las guitarras eléctricas y los teclados del “big music” que los había hecho conocidos, y se metió de lleno en el folk celta. Fisherman’s Blues, la canción y después el disco, fue la puerta de esa mudanza.

Hoy tiene más de cincuenta versiones grabadas, en idiomas que Scott no habla. Sigue sonando en aeropuertos, en películas, en la vida de gente que nunca estuvo en el asiento 31F.

Sigue siendo el asiento 31F. Cambia quién está sentado ahí.

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